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18/04/2018

La silla Wassily y una tensa espera

Hace no mucho visité una oficina en un edificio nuevo en el distrito de Miraflores, Lima. Tenía agendada una reunión y mientras esperaba en una tranquila sala junto a la recepcionista, disfruté de una grata sorpresa al ver que tenían disponible para las visitas 4 sillas Wassily, sinceramente no me sorprendí mucho pues las he visto en muchos lugares, oficinas, salas de reuniones, en fin, pero aún así no dejo de maravillarme cada vez que las veo por lo simple y hermoso que es su diseño, esa comunión de tubos de acero cromados y cuero curtido (a veces es imitación) en donde la genialidad y la comodidad parecen bajadas del mismo cielo.

Llega una pareja, también esperaban su turno, conversan entre sí. No puedo evitar parar las orejas y escucho. Primero algo sobre las redes sociales, luego sobre el tránsito de la calle, algo que comieron o iban a comer para finalmente, si, finalmente referirse a las dichosas sillas que tan dignamente soportaban sus humanidades. Y Dios sabe que he tenido que contenerme no una, si no varias ocaciones para no pararme y rectificar sus dichos como quien corrige compulsivamente las falta de ortografía de los demás. Me calmo, respiro.

Pero al final no pude aguantarme.

Conversación de la pareja (Mis pensamientos entre paréntesis)

— ¡Mira que mona son estas sillas!— (YO: que no son monas, son una maravilla del diseño universal) — Me encantaría tener un par de estas sillas de tubitos en mi sala — (YO: en tu sala, en las oficinas, la verdad deberían estar en un museo) —Como se llamarán, ¿Silla de tubitos? ¿Las podré buscar así por Ebay? — (YO: Que no se llaman “Sillas de tubitos” se llaman “Sillas Wassily”). — Están cool, como todo lo que hacen los gringos — (YO: ¡Madre María purísima! ¡¡Que son alemanas!! las diseño el arquitecto Marcel Breuer en pleno auge del Bauhaus).

Silencio, pausa de dos minutos, el suficiente para bajar mis pulsaciones, tomo aire, también algo de agua, la venita que está al costado de mi cien vuelve a su estado normal, no sé si pueda contenerme por más tiempo, juro que una afirmación más de estás y no respondo por mis actos.

— Son nuevas ¿verdad?— , le hablan ahora a la recepcionista — Si, son un diseño moderno y creo que reciente — ella les contesta y sonríe.

Arrugo la botella de plástico que tengo en mi mano y me pongo de pie como un resorte y exploto!!!, ¡Como va a ser un diseño reciente!, les replico, si ya casi tienen 92 años, tantos como su abuelita, y no, ni de milagro son gringas, son tan alemanas como las salchichas y la cerveza, (me detengo, me falta el aire) ahh y las diseño un tal Marcel Breuer, por si les interesa, que si estuviera vivo, se vuelve a morir con todo lo que han dicho hoy.

Me miran sorprendidos.

…y su nombre, si las quieren buscar por Ebay, es: “Silla Wassily” en honor al Maestro pintor ruso Kandinsky, cuando todavía alemanes y eslavos no los separaba una gran guerra.

Se abre una puerta y alguien dice mi nombre: ¡Luis!, que bueno que viniste, ¿Pasas a la reunión?.

Si!, por favor!. Nunca nadie había sido mas oportuno para interrumpir una conversación. En esos instantes llegué a sentir lo mismo que experimentan los boxeadores en el ultimo round cuando están masacrando a su rival y lo salva la campana (suertudos). No estaba en estado de euforia, se los juro, más bien algo acongojado por la pareja y la recepcionista que ahora me miraban con cara de “De donde salió este loco del diseño”.

Creanme, nunca actúo de esta forma en público, ni me gusta sentirme superior a nadie, solo que aquel día sentí la necesidad de salvar el honor mancillado de aquella pobre “silla Wassily”, lo siento, debe ser por el complejo de Quijote que llevo conmigo, que me obliga a enfrentarme con gigantes molinos de vientos de la ignorancia, sobre todo si es en materia de diseño. Espero lo entiendan, sobre todo esa pareja que creo nunca más van a querer buscar “sillas de tubitos” por Ebay.

Son estas, las verdaderas cosas, que callamos los diseñadores.

Bauhaus, Diseño, Lima, Perú ,
About Luis Alarcón

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